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lunes, 5 de marzo de 2012

Cuando llega el momento de retirarse....

Pero no sólo le amaba a él; y mientras me preocupase la tranquilidad de los demás, me alegraba poder evitar que conocieran mis sufrimientos. Ahora puedo pensar en ello, puedo hablar de ello, sin emoción apenas. No habría permitido que sufrierais por mi causa; porque ahora te aseguro que yo, sinceramente, he dejado de sufrir. Tengo muchas cosas a las que agarrarme. No tengo conciencia de haber cometido ninguna imprudencia que haya perjudicado a nadie, y en lo que he podido, he llevado mi carga sin que saliera de mí. Absuelvo a Edward de todo acto malo en esencia. Le deseo mucha felicidad; y estoy tan convencida de que se ha comportado siempre con arreglo a su conciencia que, aunque ahora quizás abrigue algún remordimiento, sé que al final será feliz. Lucy no carece de juicio, y el juicio es el fundamento de todas las cosas buenas. Y, al fin y al cabo, Marianne, después de todo cuanto de sugestivo hay en la idea de un único y constante amor y de todo cuanto pueda decirse de que la felicidad de uno depende por completo de una sola y concreta persona, no es éste el verdadero fin... no es proporcionado... ni posible. Edward se casará con Lucy; se casará con una mujer superior en físico y entendimiento a la media de su sexo; y el tiempo y la costumbre le enseñarán a olvidar que quizás una vez pensó que había otra que la superaba.

lunes, 28 de noviembre de 2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

Para mi...


...no hay una mirada que diga ni exprese mas... 


(para todos los gustos.... )

martes, 4 de octubre de 2011

Muchisimas felicidades Anne!!!!


-¡Ah -exclamó el capitán Harville, con tono de profundo sentimiento-, si solamente pudiera hacerle comprender lo que sufre un hombre cuan­do mira por última vez a su esposa y a sus hijos, y ve el barco que los ha llevado hasta él alejarse, y se da vuelta y dice: “Quién sabe si volveré a verlos alguna vez”! Y luego, ¡si pudiera mostrarle a usted la alegría del alma de este hombre cuando vuelve a encontrarlos; cuando, regresando de la ausencia de un año y obligado tal vez a detenerse en otro puerto, calcula cuánto le falta aún para encontrarlos y se engaña a sí mismo diciendo: “No podrán llegar hasta tal día”, pero esperando que se adelante doce horas, y cuando los ve lle­gar por fin, como si el cielo les hubiese dado alas, mucho más pronto aún de lo que los esperaba!
¡Si pudiera describirle todo esto, y todo lo que un hombre puede soportar y hacer, y las glorias que puede obtener por estos tesoros de su exis­tencia! Hablo, por supuesto, de hombres de cora­zón -y se llevó la mano al suyo con emoción.
-¡Ah! -dijo Anne-, creo que hago justicia a todo lo que usted siente y a los que a usted se pare­cen. Dios no permita que no considere el calor y la fidelidad de sentimientos de mis semejantes. Me despreciaría si creyera que la constancia y el afecto son patrimonio exclusivo de las mujeres. No creo que son ustedes capaces de cosas gran­des y buenas en sus matrimonios. Los creo capa­ces de sobrellevar cualquier cambio, cualquier pro­blema doméstico, siempre que... si se me permite decirlo, siempre que tengan un objeto. Quiero decir, mientras la mujer que ustedes aman vive y vive para ustedes. El único privilegio que reclamo para mi sexo (no es demasiado envidiable, no se alarme) es que nuestro amor es más grande; cuan­do la existencia o la esperanza han desaparecido.


viernes, 2 de septiembre de 2011

La Abadía de Northanger

Henry hizo que se sintiese segura de la sinceridad de su amor y solicitó la entrega de un corazón que ya le pertenecía por completo; cosa que, por otra parte, no ignoraba el muchacho, hasta el punto que, aun sintiendo por Catherine un afecto profundo, reconociendo las excelencias de su carácter y deleitándose en su compañía, preciso es confesar que su cariño nacía, en primer lugar, de un sentimiento de gratitud. En otras palabras: que la certeza de la parcialidad que por él mostraba la muchacha fue lo primero que motivó el interés de Henry.


El joven se consideraba comprometido con Miss Morland, no sólo por los lazos del afecto, si no por los mandatos del honor, y, convencido de que le pertenecía el corazón que en un principio se le había ordenado conquistar, se mostró decidido a guardar fidelidad a Catherine y a cumplir con ella como debía, sin que lograra hacerle desisitir de su proyecto ni influir en sus resoluciones la retractación de un consentimiento tácito ni los decretos de un injustificable enojo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

S & S

Las pesquisas discretas y delicadas del coronel Brandon nunca dejaron de ser bien recibidas por la señorita Dashwood. Se había ganado con creces el privilegio de discutir en la intimidad el desengaño de su hermana, gracias al amistoso empeño que había puesto en mitigarlo, y ambos charlaban siempre con toda confianza. El doloroso esfuerzo de confesar sus pasadas penas y presentes afrentas tenía su mejor recompensa en las miradas compasivas que de vez en cuando le dedicaba Marianne, y en la amabilidad de su acento cuando alguna vez (aunque eso no ocurría muy a menudo) se obligaba, o podía obligarse, a hablar con él. Estos gestos le decían que el esfuerzo hecho le había favorecido, y por la misma razón Elinor abrigó esperanzas de que esta inclinación creciera en el futuro; pero la señora Jennings, que no sabía nada de esto, que sólo sabía que el coronel continuaba tan serio como siempre, y que ella no podía convencerle de hacer él mismo la proposición, ni recomendarle a Marianne que la hiciese en su lugar, empezó a pensar, al cabo de dos días, que, en vez de a mediados de verano, no los vería casados hasta el día de San Miguel, y, al cabo de una semana, que después de todo no habría boda ni nada. El buen entendimiento entre el coronel y la señorita Dashwood parecía más bien indicar que el privilegio de la morera, el canalillo y el cenador de tejo acabaría correspondiéndole a ella; y, durante una temporada, el señor Ferrars estuvo ausente de sus pensamientos.

lunes, 1 de agosto de 2011

Anne...

El no había perdonado a Anne Elliot. Ella le había hecho mal; lo había abandonado y desilusionado; más aún: al hacer eso lo había hecho por debilidad de carácter, y un temperamento recto no puede soportar una cosa así. Lo había dejado para dar gusto a otros. Todo fue efecto de repetidas persuasiones; fue debilidad y fue timidez.
El estuvo fuertemente ligado a ella, y jamás encontró otra mujer que se le pareciese, pero, aparte una sensación de natural curiosidad, no había deseado reencontrarla. La atracción que ella ejerciera sobre él había desaparecido para siempre.


P.D.: Ya he vuelto mis queridas!!! Que poquito que ha durado pero lo que lo he disfrutado! Y lo que os echado de menos!!! 
Gracias por vuestros buenos deseos en cuanto al proyecto y a mi descanso, sois las mejores, el proyecto he de deciros que me salio muy bien, me pusieron sobresaliente, asi que feliz y contenta!! Y ahora...que será de mi vida?? Jajajaja ni yo lo sé...

miércoles, 20 de julio de 2011

First Impresions

La primera mirada entre las parejas definitivas de las obras de Jane Austen:


Darcy & Elizabeth, Orgullo y Prejuicio

Wentworth & Anne, Persuasión

Edward & Elinor, Sentido y Sensibilidad

Brandon & Marianne, Sentido y Sensibilidad

Bingley & Jane, Orgullo y Prejuicio

Henry & Catherine, La Abadía de Northanger

Fanny & Edmund, Mansfield Park

Knightley & Emma, Emma

Por orden de mis preferencias de parejas, ¿Cuáles son las vuestras?

lunes, 18 de julio de 2011

Lefroy & Austen

Lefroy: Señorita Austen
Jane: Oh! Eh! Señor Lefroy... ¿¿Usted lee??
Lefroy: Si. Estaba ojeando el libro que me citó, Historia Natural del señor Wright.
Jane: Oh! ¿Y le ha gustado?
Lefroy: No puedo seguir, es demasiado inquietante.
Jane: ¿Inquietante?
Lefroy: Ehh... Por ejemplo, esta observación, ejem ejem "Vencejos en una mañana de mayo, vuelan de aquí para allá, hacia todas partes, a gran altura, plenamente felices. Luego, luego... uno se coloca encima del otro, se agarra con fuerza y olvidándose de volar, ambos se precipitan hacia el vacío en una gran caída mortal, girando y girando hasta que la hembra lanza..."
Jane: ¿Si?
Lefroy: "... La hembra, lanza un grito penetrante y agudo... de extasis." ... ¿Es este un comportamiento habitual en Hampsire?
Jane: Ah...
Lefroy: Su ignorancia es comprensible ya que carece de... como lo diría... ¿experiencia?
Jane: El decoro me obliga a la ignorancia.
Lefroy: Le condena a ella y también a sus escritos sobre los logros femeninos, si practica el arte de la ficción y quiere ser como un autor masculino, la experiencia es vital.
Jane: Entiendo. ¿Y qué le cualifica para dar ese consejo?
Lefroy: Conozco más el mundo.
Jane: Jajaja. Mucho más...supongo.
Lefroy: Puedo ver que sus horizontes deden ser ampliados... por un joven extraordinario.
Jane: Por un joven muy peligroso que sin duda ha infectado los corazones de muchas... muchas... jóvenes, con la dulce co...
Lefroy: Lea esto. Y lo entenderá.


Para MariCari que reclama un texto romantico pero picarón...

miércoles, 13 de julio de 2011

P & P (BBC) 1995

Mr. Darcy: Señorita Bennet! Por favor disculpeme por no haberla recibido adecuadamente no irán a marcharse.

Elizabeth Bennet: Así es Señor, creo que debemos.

Sr. Darcy: Espero que Pemberley no le haya desagradado.

Elizabeth Bennet: No, en absoluto.

Sr. Darcy: ¿Entonces usted lo aprueba?

Elizabeth Bennet: Mucho. Pero quién no lo aprobaría.

Sr. Darcy: Sin embargo, su buena opinión se otorga raramente y ganarla tiene más valor.